EL CHANTAJE.

Mentira Secreto Engaño Chantaje

Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.          Miembro invitado de la Asociación Psicoanalítica de Madrid.

 

“El chantaje”, es la amenaza que se hace a alguien con el objetivo de obtener de él un provecho. Hay que diferenciarlo del “soborno”, que es ese comportamiento en el que se pretende corromper a alguien ofreciéndole dádivas para obtener de él un beneficio.

En ambos el afecto y la moral juegan un papel distinto. Aquí nos atendremos a lo que es el chantaje, pero hay que hacer notar que en un giro de sus elementos, se puede constituir en una u otra cosa, lo que depende de las personas y de las  circunstancias.

El chantaje produce una  alteración del estado de animo donde la persona se ve afectada en su relación y en su intra-subjetividad, produciendo una conmoción que se traduce en una emoción. El estado emocional genera un sentimiento que es una disposición hacia una manifestación anímica.

La Moral, es definida como aquella manifestación humana que trata del bien en general, y de las acciones de las personas en orden a su bondad o malicia.  Lo moral guarda relación con lo sexual y  con lo social.  El amor propio y la conciencia moral se ve afectada ante el chantaje moral.

A través de estos elementos se logra manipular la voluntad ajena, con  lo que la persona chantajeada no puede escapar, salvo que haga aquello que quiere el “chantajista”.

El objetivo es conseguir que otra persona actúe de acuerdo a unos intereses que van en favor de quien hace el chantaje. Hay una identificación con el agresor, que a través de una identificación proyectiva,  logra inocular culpa, miedo o angustia, que lo lleva a ser controlado o manipulado por el chantajista. El chantaje establece una relación triangular, donde el chantajista y el chantajeado pueden ocupar directa o indirectamente según las circunstancias  la ubicación de juez, verdugo o víctima.  Así en el el chantaje hay que valorar la posición subjetiva, inter-subjetiva y relacional de los que participan en ella.

Todos nos hemos visto involucrados alguna vez en una situación ¿por qué manipulamos o dejamos que nos manipulen?

El “chantaje”, pueden ser habitual en las relaciones de pareja, pero también entre amigos y familiares, además de en los medios políticos-sociales y culturales.

El chantaje es una forma de manipulación con la cual gente de nuestro círculo nos amenaza, directa o indirectamente, para castigarnos si no consiguen lo que quieren.

“En el chantajista”, hay múltiples motivaciones que lo moviliza a ejercer el chantaje. La suspicacia o la baja autoestima, puede provocar que un individuo esté constantemente buscando la confirmación del otro y provocando demostraciones de que la otra persona no le dejará o lo traicionará. Con el chantaje se busca reafirmar y consolidar su control y poder.

El miedo al abandono de la víctima, también favorece que el chantajista intente adoptar una posición de poder sobre ésta, lo que denota que la emoción juega un papel en el chantajista. La forma en que se establezca el vínculo parental,  como el chantaje de los padres, la sobre-protección pueden llegar a que el chantaje sea una forma de relación con los otros.  Todo ser humano puede en algún momento haber ejercido el chantaje, ser víctima de ello  o ser en sí un chantajista, todo se da en relación a la configuración de la subjetividad, al mundo relacional y las circunstancias que lo propicien.

“El Chantajista” hace uso de los más variados mecanismos para ejecutar el chantaje, entre ellos podemos mencionar:

“El auto-castigo”, como es infringirse un daño físico que pueda comprometer su vida, con el fin de que el otro se sienta culpable. Con una vuelta hacia sí mismo, infringiéndose un daño pretende que el otro se identifique con la autoría, para así movilizar la culpa y tener un control sobre el.  Aquí se movilizan los roles de juez, verdugo y víctima  y se establece un círculo de estos roles en los participantes.

En otras ocasiones es “el castigo culposo”, una amenaza con que se chantajea por no haberse sometido a sus designios. Así, como juez sentencio y  como verdugo ejecuto a la víctima por no ceñirse a lo que planteo.  Aquí se plantea la verdad la ejerzo yo.

Sin embargo, en ciertas circunstancias una persona chantajeada y maltratada puede no ser consciente de que esto son amenazas de sometimiento, dado su nivel de desvalorización.  Pero igualmente pueden ser conscientes de ello, en ellos anida una necesidad de castigo que necesitan de un juez y un verdugo,  para desempeñar su papel de víctima.

“El Silencio culposo”, proyecta en el otro la responsabilidad de lo acontecido. Aquí se da el dicho de “el que calla otorga”, habría que ver que sostiene esta postura dual en la relación.

“La mascara de la seducción“, detrás de esta máscara  se busca el hacer creer que él, es el único que puede llenar lo que te falta.  Esto resta tú autonomía, y el acceso  al logro sólo es a través de él.  Forma sutil de chantaje, donde se es víctima propicia de este control.  Lo que te deja en manos de este chantaje seductor.

El Rol de víctima es un paradigma dentro del chantaje, el que puede circular entre el chantajista y el chantajeado.  Al igual las promesas incumplidas, se dan en ambos, quienes afirman que no volverá a suceder,  pero desde vertientes distintas tanto de parte  del chantajista, como del chantajeado.   El chantajeado que dice discernir y que no le volverá a suceder, el chantajista dirá que no lo volverá a hacer.  Aquí habría que estar atento a la circulo simbiotico entre los pares y ver el grado de relación tóxica que han establecido.

Por parte del terapeuta hay que estar consciente de que cada situación es distinta y que hay que valorarla con serenidad, pero también con firmeza si hay que tomar alguna decisión.

Las personas o las relaciones tóxicas, son aquellas en que se establece un vínculo dominador-dominado, donde las necesidades y sentimientos se distribuyen, ocasionando a ambos,  una situación de satisfacción y/o sufrimiento, entre los que participan en la situación.  Esto lleva a una evaluación terapéutica del desempeño de estos roles o tener la capacidad de discernir, que algo no camina y que nuevo rumbo debemos tomar, para no repetir lo mismo.

 

El objetivo del chantaje  suele ser ganar poder en una relación, con el objetivo de obtener de ella  un provecho,  a través de la manipulación.

 

 

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El SECRETO

Mentira Secreto Engaño Chantaje

Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.          Miembro invitado de la Asociación Psicoanalítica de Madrid.

“El secreto”, es una cosa que cuidadosamente se tiene  reservada y oculta y en el que si se implica a otro, debe permanecer oculto y separado del conocimiento de los demás porque de saberse implicaría una transgresión.

A quién se le manifiesta el secreto se le coloca en la posibilidad de ser un transgresor sí lo manifiesta y queda sujetado a la información que el otro le transmite.  El secreto involucra la noción de intimidad ya que lo que se transmite atañe a la intimidad de un tercero o de terceros con el fin de cuestionarlos o denigrarlos. A la vez se guarda una relación de intimidad simbiotica. Al manifestarse un secreto quien hace acuso de recibo de el, queda sometido a la custodia de la privacidad, de lo transmitido.

Aquí la intimidad no implica soledad, pues hay intimidad compartida, de cada uno con el otro.  La intimidad realizada en la secrecía, ha abolido la diferencia entre lo público y lo privado y ha establecido lo indecible.

Ese indecible se divide en algo dicho y algo no dicho. Es decir, lo que se diga implica lo que se calla. Pero lo no dicho puede ser indecible, por ser transgresivo, vergonzoso y secreto.

El secreto es el enigma del deseo, alguien está en falta y el enigma lo oculta. El tema del secreto político y el secreto sexual plantean el tema de la fidelidad. El secreto en la terapia, es planteado como un problema ético.

El secreto es un lugar laberíntico, pues tiende a ser divulgado, como lo prohibido a ser transgredido.   El hacerte participe e un secreto, te coloca ante la dualidad de preservarlo o de transgredirlo. Es cierto que en principio no debe ser divulgado pues dejaría de ser secreto, pero forma parte de su naturaleza la tendencia a serlo y por lo general termina siéndolo. Es necesario, por lo tanto, recorrer sus laberintos, para que suceda lo más tarde posible.

Un secreto posee un “argumento reservado”. Existiría un conocimiento que puede guardarse entre un reducido número de personas con la advertencia que no puede trascender a otros. Un secreto mantiene la tensión y provoca, gracias a ello, una circulación de un argumento posiblemente te lleve a la tentación de ser compartido a otro o a otros.

El aspecto invisible de un secreto, de un aparente acuerdo familiar puede tener una herencia tramscultural, pero mantener el enigma en generaciones puede devenir en siniestro cuando comenzamos a saber cómo ellos ocultaban una transgresión.  Donde puede verificarse que el “secreto” es un elemento que retroalimenta el malentendido estructural y constitutivo de dicho grupo primario.

Los límites del secreto “profesional”, son los que se impone el analista mismo, y no pueden ser guiados sino por su misma práctica que no es sin ética.  Hay que preguntarse cuál es el destino de la ética de un analista en un “a posteriori” del análisis. En este sentido el “secreto” y sus límites serán develados por el analista mismo. Diferenciando lo que se puede transmitir y lo que no se puede divulgar, implicándose en esa posición la transmisión del psicoanálisis, que de un caso se puede transmitir y que no es objeto de transmisión.

El chisme, es la deformación de un hecho, que desde una visión particular se transmite con el deseo de crear incertidumbre. El chisme necesita de un testigo cómplice y de un tercero o terceros ausentes de quién denigrar, lo que esconde la intención malévola de indisponer a unas personas contra otras. Podríamos situar al chisme entre la mentira y el secreto.

 

 

 

EL ENGAÑO.

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Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.          Miembro invitado de la Asociación Psicoanalítica de Madrid.

Todo “engaño” guarda dentro de sí la necesidad de configurar a través del pensamiento, el afecto y la acción, una burla al otro, en la búsqueda de mayor valía en su autoestima y en  un detrimento de la del otro.

El engaño refleja audacia y serenidad para deshacer los hechos y a la vez negarlos. Para esto hay que ganar la confianza,  para luego generar la traición, a menos que el engañado sea un cómplice silente, en su deseo de ser engañado. Para engañar hay que recurrir a la mentira como un aspecto de su configuración.

La verdad desnuda escapa del engaño, cuando se comete un lapsus o cuando la cruda realidad nos confronto con los hechos, es la verdad abriéndose paso a paso y dando luz a la situación.  Entonces el que engaña recurre a la argucia del malentedido, para librarse de la contingencia.

Los afectos, las emociones y los sentimientos forman parte de la realidad básica de la vida humana.  En el engaño hay una disociación de las emociones y los sentimientos. Esta desconexión  es un signo de la disociación de lo que siente.  Esa vacuidad interior, ese bloqueo emocional; todo ello es sustituido por sensaciones. La realidad es sustituida por la sensación de tener el poder sobre el otro y la vivencia de satisfacción que ello conlleva.  Basta con tener sensaciones para justificar la traición o la trampa.

La o las personas, que participan conscientemente en el engaño, se muestran incapaces de ponerse en el lugar de la persona traicionada. Su disfrute está en la violencia que supone sacrificar a otro, esto es, la o las víctimas, las cuales no saben ni deben saber nada.  Las personas que participan en el engaño, se vuelven indolentes ante el maltrato que generan, puesto que saben que están haciendo daño y aún así, siguen adelante.

Trivers, R. (2002), describe el auto-engaño ante lo cuál sostiene que la clave para definir y explicar el auto-engaño, es considerar que la información verdadera está preferentemente excluida de la conciencia y esta información es relegada y mantenida en el inconsciente.

El auto-engaño está al servicio de la mentira.  El auto-engaño entonces permite el ocultar la mentira, por lo tanto, al ocultarse la mentira a uno mismo, la hace invisible ante los ojos de los otros, produciendo entonces una fragmentación interna; la verdad es excluida de la conciencia y es relegada al inconsciente y es la mentira la que accede a la conciencia. Esta es la llave explicativa del auto-engaño, para Trivers.

Si uno no es consciente que está mintiendo, los demás no pueden detectar las señales que indicarían la mentira, como las manifestaciones neurovegetativas, la calidad de la voz que denota y otros signos de tensión que acompañan la mentira. Por lo tanto ser inconsciente, del engaño en curso permite ocultar más profundamente el engaño, ya que se tiene la capacidad no transmitir los elementos que lo delatarían y que pondrían al tanto a el o los engañados.

Este auto-engaño, se puede dar cuando se hace la auto-promoción o la exageración del lado positivo y la negación del lado negativo de uno mismo, todo esto con el fin de producir una imagen de abnegado, es decir, la imagen que beneficiamos a los otros y que somos efectivos cuando lo hacemos. Trivers, teórico social nos dice, que la construcción de teorías sociales sesgadas es otra fuente de auto-engaño.  Todos creamos teorías sociales que están al servicio de nosotros mismos. Otra fuente de auto-engaño es la construcción de narrativas sesgadas de la conducta en curso con el fin ocultar las verdaderas intenciones. Sus ideas incluyen lo intrasubjetivo, lo intersubjetivo y lo relacional-social.

Estas actividades de auto-engaño, permiten que el flujo de información sea ampliamente sesgado, así la mente consciente se dedica en parte a construir una falsa imagen y al mismo tiempo no se es consciente, de que se está infringiendo el comportamiento y las evidencias.

El costo del auto-engaño es la aprehensión distorsionada de la realidad, especialmente de la realidad social y el mantenimiento de un sistema mental ineficiente y fragmentado.

Creo que la problemática del auto-engaño, atañe a la consciencia y al inconsciente, así  afecta la interacción del pensamiento, los afectos y la conducta. Actúan mecanismos como la forclusión, la proyección, la negación, la desmentida y la renegación.

El auto-engaño es una práctica común y peligrosa, porque nos aleja de la realidad y nos lleva hacia una construcción que nuestra mente identifica como real.

El conflicto interno y el flujo de información sesgada en el individuo, probablemente tiene múltiples fuentes psico-biológicas, pero el auto-engaño evolucionando al servicio de engaño.  Pero tendrá mayor proyección en tanto al tipo de vínculo y apego que se haya establecido en la constitución del ser humano, sobretodo si se favorece los núcleos endogámicos que tienen mayor propensión a la colusión engañosa, favoreciendo así el auto-engaño.  Los núcleos exogámicos  tienen una mayor propensión a la diversidad. Pero esto es un puede ser y no una conclusión definitiva.

Hay que preguntarse el auto-engaño de toda una población no hace una contribución a los desastres humanos, especialmente por la forma equivocada de las políticas sociales, donde la miseria y la guerra son unos de los ejemplos de más alto costo.

 

 

LA MENTIRA.

Mentira Secreto Engaño Chantaje

Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.          Miembro invitado de la Asociación Psicoanalítica de Madrid.

 

“La Mentira”, es algo que se manifiesta o es dicho, sabiendo que no es verdad, con intención de que sea creída y con la posibilidad de engañar.

El mentir forma parte de la condición humana, se mentira más o menos según la configuración psicológica de cada quién.

Para  entender y dilucidar “la mentira”, tendremos que hacer referencia al “decir y a lo dicho”.

El Decir, ámbito de la expresión, es el momento anterior al lenguaje y expresa el encuentro con el otro significativo o la función parental, encuentro donde se dan múltiples inscripciones verbales y no verbales, además se esconde lo que jamás fue dado, más si necesitado, demandado o deseado.

Lo Dicho es la expresión y encarnación del decir, en el momento que se reviste del lenguaje verbal o no verbal, como modo necesario para que le llegue al otro y que me llegue a mí su comunicación. Es algo que se construye en un entre dos y que luego va ser la forma de expresión de cada quién.  Así en todo dicho se  esconden las manifestaciones originarias del decir.  Hay algo velado en el pase del decir a lo dicho.  Dentro de este marco se inserta una concepción que refiere a la simultaneidad de sonidos (“sonoridad”) diferentes armónicos o disarmónicos, que pese a la independencia de estos sonidos constituyen una singularidad en cada quién, que se tramitara en lo dicho.

Lo que lo dicho manifiesta, es que en el subyacen una pluralidad de elementos, que el lenguaje verbal o no verbal pueden cubrir.   La determinación de esa pluralidad deriva hacia una indagación sobre los diferentes conjunto de normas que las rigen, además de su  carácter necesario o arbitrario, y sobre la manera en que el lenguaje no-verbal y el verbal,  marcan la organización gramatical de lo dicho y sus matices.

“La mentira” dicha, no sólo incluye alusiones al acontecimiento constituido por la aparición del enunciado, sino que encierra lo velado u oculto en el decir.  Ya que “todo no puede ser dicho”, el decir produce un efecto residual que no es abarcado por el dicho. Entre el decir y lo dicho se mantiene  un vacío, entendido aquí como interposición, entre el decir y lo dicho.  Por ese vacío en el discurso, se hace presente un lugar que  responde a lo no sabido, pero demandado. Este vacío que no deja al dicho concluirse, lo que abre es la posibilidad de volver a lo que subyace ante todo dicho, el vacío existente entre ambos.  Esto hace que La “mentira” sea uno de los intentos de velar este vacío que forma parte de la constitución del ser humano.

Para el  psicoanálisis la mentira y la verdad están íntimamente relacionados. Ya que  la mentira puede revelar la verdad sobre la esencia de quien la enuncia, con lo cuál no se miente azarosamente con cualquier cosa, sino que una mentira condensa algún fragmento, alguna marca particular de la historia de quien la dice.  Esa verdad del mentiroso se transfiere al otro para que sea el quién asuma, la  verdad del que miente.

Sí bien hay un “mentiroso”, hay un otro de la mentira”, que es a quién se dirige la mentira, ese otro/s,  es o son  piezas fundamentales para que se urda la mentira.

Para la mentira, hay dos momentos o dos posiciones del otro objeto de la mentira. Así mientras la mentira se sostiene, el que es objeto de la mentira, será un testigo fascinado o impotente, un crédulo que no percibe, “las incongruencias o las minimiza”. Sea que la credulidad se quiebre, que la mentira se revele por alguna circunstancia o por un tercero, el mentiroso rara vez la reconocerá, el otro pasará a ocupar el lugar de cómplice o encubridor, víctima de una situación tramposa o bien se vivirá a sí mismo como copartícipe, cuya ruptura lo sumirá en una angustiosa confusión y en el sentimiento de haber sido traicionado en su confianza y se dirá  me mentiste y me engañaste.

El que es objeto de la mentira tiene la función de hacer rememorar al mentiroso, para sostener su mentira.   Quién miente, si no quiere ser descubierto, tendrá que tener presentes sus mentiras. Pero quien oye sus mentiras les confiere veracidad, y la mentira dicha creará una trama, que se irá tejiendo entre el mentiroso y quién es objeto de la mentira, donde a cada pregunta del crédulo, el mentiroso responderá con otra mentira para sostener su verdad mentirosa.

En la comunicación, de la mentira y sus matices hay un ataque al pensamiento, a los afectos y produce un condicionamiento de la conducta del otro.

Al mentir digo algo de mi verdad, enmascarando mis motivos o mi deseo.  “El paciente se miente muchas veces para preservarse”.

La función del terapeuta es poder leer, poder revelar la verdad oculta en esa mentira y señalarla al paciente para que escuche la verdad que hay en su decir. La mentira no es más que el disfraz de la verdad.

Hay mentiras dichas con un propósito consciente y otras enunciadas de manera inconsciente, donde  no se sabe que se está mintiendo. Las dos dan cuenta de lo particular y  de lo singular de quien enuncia la mentira.

El ocultar es otra cosa, funciona como velo para aquellas circunstancias que no se dan y que no tendremos acceso a ellas. Es una manera de velar la frustración , la privación o la castración ante el otro.

¿El paciente le miente al terapeuta o se miente a si mismo?.  El paciente se miente a si mismo muchas veces como una forma de preservarse de la verdad, que le podría ocasionar angustia o dolor.

¿El terapeuta puede mentir si le preguntan datos personales?, La mentira es de “la persona del terapeuta”, no del terapeuta ejerciendo su función. Un terapeuta en el ejercicio de su función puede hacer una intervención dando un dato que no tiene nada que ver con su persona, pero que en ese caso en particular era pertinente hacerlo.

Por lo tanto debemos tener en cuenta que en todos por estructura tenemos la posibilidad de mentir.

 

LA MENTIRA, EL ENGAÑO, EL SECRETO Y EL CHANTAJE.

Mentira Secreto Engaño Chantaje

Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.          Miembro invitado de la Asociación Psicoanalítica de Madrid.

Este conjunto sintomático pueden manifestarse como unidades sintomáticas o interactuar entre ellos, presentándose  uno como referente del otro o establecer una circularidad donde una expresión sintomática lleva a la otra. Estas manifestaciones sintomáticas deberían verse y estudiarse como formaciones que proceden de un núcleo básico que busca una representación. Partiendo de ese núcleo básico la combinación y articulación de estos síntomas generarían categorías psicopatológicas. Lo que estaría ligado circunstancias pasada y/o presentes, que se produce mediante procesos que se van encadenando en redes seriales y en paralelo, procesos en los que mediante transformaciones se crean  propiedades emergente producto de esa concatenación o colusión sintomática, donde  hay retroacción sobre las partes en que dominan fenómenos que pueden repetirse o aplicarse indefinidamente, pero en esta iteración no vuelve a repetirse lo mismo. Estos se vuelven a regenerar, sin que haya jamás vuelta exacta a lo mismo, la organización sintomática, en que el azar interviene haciendo que algunas combinaciones tengan lugar y dejando en el transcurso, siendo una posibilidad no han devenido en una actualización de lo que pudo ser posible, como que toda mentira depare en un engaño. Esto nos plantea que  en estas manifestaciones sintomáticas  es importante entender el funcionamiento psíquico como la integración de sistemas motivacionales y circunstanciales, diferenciados, separables, articulados, existiendo una organización jerárquica que proceden de un núcleo básico para la formación y funcionamiento de cada uno de los síntomas. Pero si existe una organización jerárquica de cada síntoma, de darse una combinatoria o una circularidad  se origina algo que no estaba previamente en los síntomas aislados, una reinscripción. Así los síntomas imponen modificaciones sobre los otros, los transforman en el encuentro y articulación del suceder psíquico.

Lo fundamental no es la reinscripción, la introducción del significado de un síntoma en el otro o sea, la modificación en el nivel de las representaciones sino los efectos estructurantes y funcionales que producen en estos.

En el funcionamiento complejo del psiquismo existe un funcionamiento sincrónico, propio de cada síntoma y un funcionamiento diacrónico, las coordinaciones y transformaciones en la relación entre los síntomas.

Las motivaciones o deseos que mueven la vida de los seres humanos, el resultado de las prevalencias de unos sobre otros, de las interacciones y transformaciones que se producen entre ellos, van a crear los diferentes contenidos psíquicos con los que nos enfrentamos en la vida y por lo tanto en la clínica.

VISTAME DESPACIO, QUE TENGO PRISA.

Vistanme despacio, que tengo prisa. (2)

Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.                          Miembro invitado de la Asociación Psicoanalítica de Madrid.

Toda Praxis plantea la disyunción entre lo imposible y lo posible. A pesar de que la vida es tiempo y cada tarea requiere su tiempo y así toda persona su atención, vivimos en un mundo de la prisa y de la inmediatez, deseamos anticipar, lo que estará por acontecer, olvidándonos del aquí y ahora por  un después, con lo que dejamos para mañana lo que podemos hacer hoy.

Indefectiblemente en la vida todo llega y todo pasa, estamos marcados por la finitud de los aconteceres, donde lo imposible puede ser posible o lo posible es imposible.

El dicho, “vístame despacio que tengo prisa”, que se remonta a mucho tiempo atrás, encierra una cantidad de puntos que pueden ser objeto de reflexión.

Entre muchos de ellos plantea el apremio de hacer cosas con cuidado para avanzar sobre seguro.

Pero apremio y cuidado están divorciados. El apremio está signado por la impaciencia y la precipitación y el cuidado por el temor a equivocarse.

Toda praxis se organiza en torno al pensamiento y al afecto. Ambas tres. La praxis, el afecto y el pensamiento y  las circunstancias en que se den, harán que algo sea factible o no.

¿Cómo se organiza la praxis dentro de un tratamiento psicoterapéutico ?. Hay que tener en cuenta  que el acento no recae tan sólo en la búsqueda de la cura el síntoma, en el sentido de una significación para su desciframiento, sino también en la determinación de aquella parte irreductible del padecimiento a la que tan sólo podremos procurar alivio.  El conocimiento debe hacer una toma de conciencia sobre la falibilidad humana. Al ser falibles debemos estar preparados para corregir cualquier punto de vista si pesquisamos buenas razones para hacerlo.  Para ser eficaz es necesario ante todo permitir que el efecto se produzca, donde la espera”, adquiere un lugar privilegiado, a la espera de que el efecto se produzca.  Esperar que advenga el resultado no está sostenido por un saber previsto de antemano, ni por la prisa, sino por la singularidad de aquello que está en juego.

Es indiscutible que Freud fue alguien que permanentemente volvía sobre sus concepciones teóricas con un espíritu crítico  y revisor.

En el LINKEDIN, en esta red profesional- social y en cualquier publicación, quién se atreva a enseñar,  nunca debe dejar de aprender ya que razonar el escrito y lo que se dice, es aprender de ello algo  y el “respetar”, aunque discrepemos es signo de sabiduría. De todo escrito aprendemos algo, aunque no estemos de acuerdo, aprender a respetar, el disentir es no desdeñar otro saber, sin reflexionar y preguntarnos porqué hace sentido y estamos de acuerdo y porque y en qué disentimos..

La prisa es mala consejera… (“Vistame despacio, que tengo, prisa”) y más  si se trata de navegar a través de un medio convulso como internet.

El ritmo que lleva la información, los  contenidos puede derivar en un proceso de depreciación del tiempo para la reflexión.

Tenemos el  riesgo de caer en el error de centrarnos en lo superficial y no aprovechar el verdadero valor de lo que subyace detrás.

El que escribe en este medio debe ser preciso y conciso, no profuso y difuso. Debe ser un opúsculo, una creación de carácter científico que tiene una extensión reducida. Efectuarlo sin prisa pero sin pausa.

Lo que es Imposible y lo que es posible, está en la comprensión de, “Vistame despacio, que tengo prisa

LA MENTE EN BLANCO Y LOS OLVIDOS.

Crumpled paper shaped as a human head and Question mark on white

Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

Tener la mente en blanco, hace referencia a los fenómenos de desactivación sectorial de lo inconsciente. Lo que determina que la mente, ante una situación atribuida a la falla del medio circundante en proveer aquello que en su evolución requiere y no pudo ser significado o se convirtió en traumatico.

Esto hace que se genere una vivencia de vacío. Lo que se traduce en tener la mente en blanco, trastornándose la capacidad de simbolizar, lo  que genera la irrupción violenta de un estado de angustia y/o dolor, lo cual  produce desconcierto y desamparo. Como consecuencia de ello, ciertas funciones o capacidades no se desarrollan y faltan.

Este fenómeno de mente en blanco, puede llevar a que la angustia y/ el dolor que se produce, se acople a representaciones mentales y al cuerpo produciendo manifestaciones psicosomáticas, lo que nos dice que el cuerpo se expresa y/o la mente también como una manera de dar cauce al desconcierto y al desamparo.

La llamada mente en blanco engloba bajo esta denominación condiciones muy diferentes:

Cuando la persona significativa o el medio circundante dejaron de aportar algo esencial para la constitución de cierta función del psiquismo se produce un vacío representacional o un déficit que se traduce en la mente en blanco.

Sí el otro significativo traumatizó psíquica o físicamente, aportando lo que no es, se produce el vacío de lo no aportado y simultáneamente el registro de una situación traumática.

Existe situaciones donde hay un trastorno psicobiológico que redunda en la creación de vacíos psíquicos, porque ciertas funciones y capacidades no se desarrollaron, así la falla está en el registro corporal.

Esto plantea que el abordaje terapéutico de la mente en blanco se hace en función de la determinación de la causa que lo determina.

Hay que marcar una diferencia de la llamada mente en blanco y el olvido.

El olvido de impresiones, escenas, vivencias, se reduce las más de las veces a un bloqueo, porque han sido objeto de represión, porque constituyen un conflicto. Este proceso de represión es la separación dela representación del recuerdo,  del afecto que lo califica. La representación y el afecto tienen lógicas propias, la representación cae en el olvido (Represión), mientras el afecto es suprimido.  Cuando el paciente se refiere a este olvido, suele manifestar: «Lo tengo en la punta de la lengua, pero no me viene a la mente»”.

Pero tenemos que tener presente que cuando hay un olvido, se produce una laguna del recuerdo y el hecho de rellenar esta laguna lleva consigo la desaparición de las condiciones de origen del olvido. Por lo que donde hay olvido hay un recuerdo desalojado por ser conflictivo.

Hay situaciones donde el paciente “no puede olvidar”, permanecen en una especie de presente continuo y uniforme de algo que vivido traumáticamente, del cual sólo se puede salir, reconstruyendo las posibilidades del olvido y esto se logra con una reconstrucción de la memoria. Eso es darle a lo no olvidado un nuevo sentido.

En estas dos condiciones: “El olvido”, donde la relación entre lo representado y el efecto se rompe permitiendo el olvido por represión, mientras que en la condición de “no poder olvidar”, hacen colusión la representación y el afecto lo que impide el olvido de esos sucesos traumáticos, haciéndolos que tengan una presencia continua y uniforme.

Un tercer modo de perturbación de la memoria es tener  un recuerdo insistente, algo que dice, no logra olvidar y no sabe por qué. Este modo de perturbación del recuerdo que hace imposible el olvido, por la insistencia de algo que no se ha analizado o tenido en cuenta sino muchos años después, nos hace reflexionar acerca del funcionamiento del par olvido imposible-recuerdo insistente, no conectado en el recuerdo, no puede olvidar pero no recuerda porque. Hay un vacío en relación con la situación traumática original, pero se crea en torno a ella un nuevo recuerdo que se repite pero al no haber una elaboración se repite en el tiempo, originando un “olvido imposible y un recuerdo insistente”.

El trauma habla de manera velada a través de ese recuerdo encubridor y lo hace en los términos de directa conexión con la memoria que el discurso  inventa.