El PARENTESCO. DE LO TRANSGENERACIONAL A LA ENDOGAMIA Y A LA EXOGAMIA.

El Parentesco

Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

El parentesco sirve para designar a las personas que establecen lazos vinculares de apego, ya sea por ascendencia o descendencia o amistad, donde lo emocional, lo relacional y lo cognitivo guarda un papel central. El “Parentesco” en su acepción refiere a “padre y madre”, se le vincula al “dar a luz, engendrar” parientes, lo que no significa exclusivamente que los parientes provengan de un una relación genitora o paridora, ya que vemos que en el concepto de función parental puede dar lugar a las funciones de padre, madre, hermano o amigo. Entonces en el parentesco no sólo se plantea lazos de consanguinidad, ya que muchas veces el ejercer la función parental o fraterna se establecen vínculos de parentesco. Aquí se toma como base la función de vínculo y está basada en la noción de quién ocupa el lugar de la relación de parentesco. Lo transgeneracional puede establecer parentesco por consanguinidad o por vínculos de apego que dan pie a ejercer la función parental o fraterna.

Cada persona y sus generaciones son determinadas por su historia Psico-Somática y el papel que ocuparon sus antecesores significativos, además de los procesos culturales, sociales y políticos que los rodearon, en la configuración de su estructura. En el ser humano como hemos dicho juega un papel lo Psico-Somático, pero a esto se añade el lugar de los otros significativos y las circunstancias. La herencia psíquica no se da solamente entre una madre o un padre y su hijo, lo que sería lo intergeneracional, sino que también existen influencias de generaciones anteriores en la estructuración psíquica de un nuevo ser; en este caso, hablamos de lo transgeneracional.

El vínculo de filiación da cuenta de la ascendencia y de la descendencia, que como vemos es algo que va más allá de la consanguinidad, donde hay que considerar entonces la herencia y/o los vínculos relacionales. Hay que recordar aquí que la palabra descendencia o filiación se refiere a la relación del vínculo de apego y no tan sólo física, entre padres e hijos/as, sino que la sociedad, la cultura y las circunstancias captan y regulan el deseo de continuar en quien lo sucederá, manera de compensar la pérdida paliar el desapego y elaborar la ausencia de sus miembros por la muerte.

El vínculo de alianza se enfatiza desde las formas en que se establecen las relaciones de apego. La alianza es sinónimo de lo que fue un vínculo de afinidad. Pero también desde un mismo grupo familiar se establecen vínculos por rivalidad dentro de una misma familia. Por lo tanto, dentro del núcleo familiar se establecen transferencias cruzadas de apego o rivalidad entre sus miembros. La familia puede establecer un núcleo endogámico que tiende a marginar a cualquier otro miembro extrafamiliar que no tiene la misma afinidad. La exogamia, es la búsqueda de la pareja en el sector extrafamiliar de la sociedad o la cultura, o por fuera del grupo, trascendiendo así los vínculos incestuosos. Cuando la agrupación familiar, ubica ciertos parientes como permitidos y otros, no familiares como prohibidos, sostiene una relación endogámica. Los que pertenecen al grupo son endogámicos; los que se relacionan con los sujetos del área extrafamiliar realizan una interacción exogámica. Esta concepción del vínculo de alianza lleva implícitas las nociones de reciprocidad, de apego o desapego y de intercambio, por las cuales en el parentesco se define a las personas y se las transforma en pareja con el acuerdo de transferir un valor de una familia a la otra. La exogamia define una orientación social y cultural además de la prohibición del incesto.

El hermano/s, sean reales o imaginarios plantean o no, el primer paso de la endogamia a la exogamia, ya que permiten confrontar la pareja parental y con esto dar pie a una posible salida del núcleo endogámico o permanecer dentro de él. Así la figura del hermano plantea el llamado “Complejo Fraterno” (L. Kancyper, 2002), el que cumple las funciones:

“La función sustitutiva” del complejo fraterno ocurre cuando este se ofrece como una alternativa para compensar funciones parentales que han fallado; y cuando sirve para elaborar el complejo de Edipo y el narcisismo. Esta función ya fue sugerida por Freud en su “Conferencia 21” (1916)”. Es lo que defino cómo el primer eslabón del posible paso a la exogamia.

“La función defensiva” del complejo fraterno se observa cuando encubre situaciones conflictivas edípicas y/o narcisistas no resueltas. En muchos casos, sirve para eludir y desmentir la confrontación generacional, y para obturar las angustias derivadas de ella”.

“La función elaborativa” se da porque el complejo fraterno colabora en el interminable trabajo de elaboración y superación de los remanentes (normales y patológicos) del narcisismo y de la dinámica edípica, que se presentan durante toda la vida”.

Por último, el complejo fraterno tiene una “función estructurante”, y un carácter fundador, en la organización de la vida anímica de individuos, pueblos y culturas.

Este complejo, reviste una gran importancia, participa en la estructuración de las dimensiones intrasubjetiva, intersubjetiva y transubjetiva, mediante las influencias que ejerce en la génesis y el mantenimiento de los procesos identificatorios en el yo y en los grupos. Además, es relevante en la constitución del yo ideal, el superyó, el ideal del yo, y en la elección de los objetos de amor y de amistad.

La Horfandad o ser huérfano refiere a la pérdida de un vínculo con una persona significativa que ocupa la posición parental o ya sea su referente, lo que lo sume en una vivencia de desamparo o desvalimiento ante la ausencia de un referente que le servía de soporte. El que ocupa la función parental y sobrevive carga con un doble trabajo de duelo, el de la pérdida de su pareja, pero también el de reubicarse en el ser un padre o una madre sin conyugue frente a hijos huérfanos lo cuál a él también lo remite a la vivencia angustiosa de añoranza por el objeto perdido al desvalimiento frente a su ausencia. En el caso de que la pérdida sea de ambas figuras parentales, el doliente según sea las circunstancias, quedará a la espera de quien ocupe la función parental, sí la tragedia se da en un núcleo endogámico u exogámico.

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La Muerte súbita de un ser querido.

La Muerte Súbita de un ser querido

Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA. FEPAL. Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

La muerte repentina, encierra en la pérdida que suscita una conmoción inesperada, la que despierta una vivencia de vacío en nuestra persona, ya que la representación de la muerte del ser querido nos pone en contacto con algo que nunca fue representado nuestra propia muerte. La perplejidad, el desamparo, nos pone en contacto con lo inesperado y la cruda realidad de que todos somos mortales, pero es algo imprevisible. El acontecimiento súbito de la muerte nos sume en una irrealidad inesperada e inevitable, lo que nos lleva a los interrogantes. ¿Murió luego de una agonía o su muerte fue instantánea?, “¿Cómo no me di cuenta?”, ¿Cómo no pude evitarlo?” “.

Tratar de dar sentido a esta muerte repentina puede ser realmente difícil para los familiares sobrevivientes hace que surja las preguntas: “¿Por qué me sucedió esto?” “¿Qué hubiera sucedido si…?”, “Sin tan solo pudiera…”. Sin embargo, muchas veces puede ser difícil, si no imposible, encontrar una respuesta… no hay una contestación que repare esta dolorosa ausencia. Lo que hace que este cuestionamiento se vuelva contraproducente para el proceso de curación. Ya que se desestima el suceso y el afecto. Las pérdidas repentinas ponen en jaque nuestro sentido de la vida, así como nuestro sistema de creencias y valores. Creándonos interrogantes.

Ante esta pérdida habrá posiblemente muchas preguntas sin contestar. Sin embargo, hay una que toca lo más profundo de su ser, “Ahora que hago, ante lo inesperado”. Las pérdidas repentinas ponen en jaque nuestro sentido de la vida, así como nuestro sistema de creencias y valores. El doliente sufre un fuerte impacto en la estabilidad de un mundo que creía seguro… ha perdido toda certeza, así como toda confianza en un mundo que se ha alterado bruscamente.

¿CÓMO AFRONTAR UNA MUERTE REPENTINA?

¿Es posible afrontar el camino del duelo para construir un nuevo vínculo con el ser querido fallecido? La muerte repentina deja tras de sí sobrevivientes aturdidos y vulnerables por lo cual es importante atravesar este camino emocional y su decurso. Sólo expresando estas emociones podrás ir avanzando poco a poco en este camino de duelo.

Así como la propia muerte resulta inconcebible y es pospuesta hasta un futuro indefinido, la muerte inesperada de alguien con el cuál establecemos un vínculo significativo, ya sea un padre, madre, hijo, amigo o una mascota, nos conmociona al ponernos en contacto con un vacío que nos sume en una perplejidad, ya que es algo irrepresentable por lo tanto inesperado. Lo que moviliza una videncia de desamparo, lo que nos sume en una irrealidad, que se sume en una inevitabilidad. La muerte súbita produce una abrupta ruptura de la idea de la existencia de un vínculo emocional sin transformaciones. Pero la realidad es otra, la muerte súbita, afecta el vínculo emocional pudiendo ser vivida como un abandono y por eso después de la muerte súbita puede surgir la vivencia de abandono o el dolor ante lo perdido. Cómo se viva esta súbita perdida, se resignificará la ausencia que deja. Además, con el lazo de apego con el objeto significativo aparecerá la nostalgia, del recuerdo y el deseo de reencuentro con el objeto perdido. También como se asuma esta nostalgia se irá camino del duelo o la depresión. De igual manera según la estructura psicológica del doliente así será la elaboración de la pérdida, así el escenario psíquico o las circunstancias del doliente darán el matiz del duelo.

Tratar de comprender y expresar la emoción, el afecto y el sentimiento que nos embarga, al igual que los pensamientos y conductas que conlleva, sería el primer paso para construir un nuevo vínculo significativo con el ser querido fallecido.

El estado de perplejidad corresponde el estado de estupor y es una transitoria identificación con el muerto, que se percibe como una sensación de vacío y angustia. Ante esto puede manifestarse una desmentida del suceso que se correspondería con el “No lo creo”. Como manera de llenar el vacío y la angustia producida, por la ruptura traumática del aparato amortiguador de estímulos de cada uno. En consecuencia, es posible que en la psique del sujeto tenga una turbulencia en su mente y sus pensamientos, emociones y actos estén casi totalmente ocupados con y por el objeto perdido.

La muerte súbita se puede suceder de acontecimientos que nos sumen en:

“La Irrealidad”, donde se puede responder mediante una negación de lo acontecido. En otros casos el doliente se sume en un agujero o hiancia psíquica que trastoca su ser al conmocionar su unidad psicosomática expresando manifestaciones en ambas vertientes psíquica y somática. Recordemos que el ser es una unidad psicosomática.

“Lo inevitable”, de la muerte súbita, es el encuentro con la cruda realidad, lo que llama Lacán en el Seminario 11, “LaTyche”. (“encuentro con lo real”). Las circunstancias marcan su aparición y nos sumen en la perplejidad. Todo acontecimiento inesperado se vive y se sufre, lo que es una manifestación de su posible elaboración.

“Lo Inefable” de la muerte súbita por su contingencia es algo que no puede ser expresado con palabras, Por eso el llanto y las lágrimas es el alivio ante esa vivencia de vacío. Además de ser un llamado que expresa el doliente en busca de consuelo o la forma en que expresa el ser en ese momento lo que no puede poner en palabras.

“Los interrogantes”,  ante la muerte súbita surgen en la mediatez, tratando de llenar los acontecimientos anteriores. Aquí se manifiestan las palabras de Freud: “La sombra del objeto cae sobre el yo”, a lo que agregaríamos las identificaciones con el objeto caen sobre el yo.

El llanto y las lágrimas implica el alivio de una necesidad interna, un cierto grado de regresión y también un llamado que expresa el doliente en busca de consuelo ante la muerte súbita.

Estos acontecimientos son el objeto de nuestra intervención en el caso de que la muerte súbita de un ser querido amerite un abordaje terapéutico.

LO TRANSGENERACIONAL y EL VACIO REPRESENTATIVO.

Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA. FEPAL. Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

El Vacío (2) Imagen

Cada persona y sus generaciones son determinadas por su historia Psico-Somática y el papel que ocuparon sus antecesores significativos, además de los procesos culturales, sociales y políticos que los rodearon, en la configuración de su estructura.

Esto nos ayuda a comprender mejor determinadas manifestaciones, que resulta imposible hallarles explicación en las circunstancias actuales. En muchos casos parecen estar determinadas por experiencias de nuestro pasado, o del pasado de nuestros ancestros, que dejan vacíos que no tienen representación. Estos acontecimientos del pasado pueden afectar a varias generaciones posteriores.

Freud (1939) comprueba que determinadas reacciones no se ajustan a la propia vivencia del individuo, sino que se apartan de ésta en una forma que concuerda mucho más con el modelo de un suceso filogenético y que sólo es posible explicar por la influencia de éste.

El hombre no sólo es gobernado por su organización Psico-Somática, sino por la de otros significativos y las circunstancias. La herencia psíquica no se da solamente entre una madre o un padre y su hijo, lo que sería lo intergeneracional, sino que también existen influencias de generaciones anteriores en la estructuración psíquica de un nuevo ser; en este caso, hablamos de lo transgeneracional.

Un vacío representacional en la familia se pueda resolver o expresar en generaciones posteriores. Estas transmisiones afectan a dos, tres o más generaciones, en las que la adquisición de una información o la de un vacío construido por los ascendientes, es expresada por un miembro de una generación posterior en forma de síntoma. Esto plantea una reflexión sobre los antepasados significativos sus circunstancias y el lugar que ocupan en nuestras vidas. Es importante tratar de saber qué efecto tienen aquellas vivencias o acontecimientos que no pudieron ser procesados en el psiquismo, en la configuración transgeneracional o intergeneracional. En el análisis es importante tener en cuenta cómo han afectado los déficits y/o conflictos de las generaciones anteriores y en las actuales. Además de pesquisar qué mecanismos efectúan esta transmisión.

Todos establecemos vínculos con nuestra constelación de los otros significativos. Esto nos relaciona a nuestros antepasados y a sus circunstancias vivenciadas y silenciados mediante una identificación inconsciente. De ahí que entre el individuo y el / los ancestros significativos se establezca vacíos representativos, mediante la cual la persona carga con experiencias que no son suyas, que fueron silenciadas al no poder ser representadas y que no se elaboraron en su momento. Bajo este vacío, la persona asume una historia singular que incorpora en su psiquismo y determina su experiencia vital.

La Incidencia vincular, “marca” la personalidad y su constitución. En ella existirán representaciones que se transforman en el decurso de la vida por circunstancias, al igual persistirán vacíos representativos, éstos se mantienen vivos de manera inconsciente y se transmiten a la descendencia. Estos vacíos producen un desconcierto o una vivencia enigmática que puede producir efectos patógenos en la organización psíquica.

Determinados acontecimientos o experiencias en nuestra constelación significativa que no se han podido procesar psíquicamente se pueden transmitir inconscientemente a las generaciones siguientes y causar déficit y/o conflictos en la constelación familiar o en alguno de sus miembros provocándole un vacío de identidad y/o de sus relaciones vinculares.

Por eso hay que pensar el inconsciente no sólo como instancia en el ámbito individual, sino a darle una dimensión más amplia que alcance el sustrato de los funcionamientos de nuestros antepasados significativos, en sus circunstancias sociales, culturales y políticas que vivieron. La transmisión transgeneracional trazaría un puente entre “el inconsciente individual y el inconsciente colectivo”.

El efecto del vacío representacional en las diferentes generaciones se va transformando y afecta de manera diferente a las posteriores generaciones.

En la primera generación, ocurre un hecho que no se puede expresar por diferentes motivos, entre ellos la vivencia enigmática de desamparo, sufrimiento, dolor y desconcierto. Es una experiencia que no se ha elaborado, que ha quedado encriptada y se mantiene presente psíquicamente en la persona que la ha vivenciado.

En la segunda generación, el que acusa el vacío no representación verbal de ello y sólo cuando emerge, el individuo confronta las consecuencias sumido en una perplejidad. Se hereda un enigma, que ante una contingencia singular esta no puede ser objeto de representación.

En la tercera generación se convierte en algo que existe, pero es inaccesible a la conciencia; no es objeto de significación, ya que los ascendientes no han nombrado dichas experiencias, que, a pesar de vivirlas, se transforman en innombrables. y como tal se transfieren. Este hecho puede conducir a una ausencia de simbolización, originando una forclusión, que posteriormente puede ser objeto de represión o negación, con lo cual se silencia. Este vacío enigmático, llena de perplejidad y de desconcierto porque el afectado no puede acceder a su identidad, en el momento de vivenciarlo. Porque las palabras que no pudieron ser dichas, las escenas que no pudieron ser rememoradas, las emociones que no pudieron ser vertidas, quedan encriptadas. El síntoma busca abrir el vacío y a la vez mantenerlo en silencio.

EL PSICOANALISTA ANTE EL PACIENTE EN CUIDADOS PALIATIVIOS.

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Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

 

Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

El psicoanalista, como personal de la salud mental, está altamente calificado para formar parte de un equipo multidisciplinar de la Unidad de Cuidados Paliativos. El que ocupe ese lugar, es algo relativo a la postura de la unidad y a los requerimientos del paciente en esta etapa final de la vida.

Es un hecho que la cruda realidad plantea muchas veces que del dicho al hecho hay un gran trecho. Sabemos que detrás de esto, está planteada la asistencia médica y psicológica, basada en la Big Data, una globalización protocolizada y mercantil, que convierte a la persona en un sujeto sujetado a la “evidencia científica”. Sin embargo, soy de la opinión de que no podemos olvidar el caso por caso, donde cada quién tiene una singularidad y una particularidad que lo identifica. Si bien es cierto que hay fundamentos universales, estos aislados no pueden dar cuenta de manera única, de una forma de intervención generalizada.

La posición del analista ante el paciente terminal es la de acompañar, escuchar y aliviar su sufrimiento y agonía. Ese es el camino hacia una muerte digna. Es seguir el tránsito del sufrimiento a la agonía. Este seguimiento algunas veces va desde la unidad de cuidados paliativos a su lecho de muerte en su domicilio.

El lugar del psicoanalista es el de establecer un vínculo de apego ante el paciente terminal y éste según su singularidad desplegará su sintomatología, a las cual nos debemos acoger. Es el propio paciente quien traza el final de su vida y el decurso de la muerte digna de su ser. Esto nos lleva a plantear que no hay una especificidad en la clínica de los enfermos terminales, cada uno expresa su vivencia terminal de una manera diferente. Las intervenciones que efectúa el psicoanalista se van construyendo en la singularidad de cada caso.

Creo pertinente que cuando en el paciente terminal se desplieguen manifestaciones como dolor, duelo, desamparo o desconocimiento hay que prestar atención para abordar que subyace ante estos requerimientos.

El Dolor, en cualquiera de sus vertientes debe de ser abordado. En lo que atañe a el dolor físico debemos tener presente, las máximas de “primero no dañar” y “el aliviar siempre y el curar a veces”. El dolor psíquico se vincula al duelo y a cómo es posible encaminarlo.
El Duelo, recae tanto en las pérdidas de sus relaciones vinculares con los otros significativos y sus circunstancias, como en las pérdidas que el sujeto experimenta en su ser.

El Desamparo, es el enfrentamiento con la angustia que genera lo inexorable de la muerte a pesar de saber que todos somos mortales.

El Desconcierto es aquel que se genera frente a la vivencia de lo desconocido o la inevitable falta de certeza, aun en aquellos que creen en un más allá de la vida.

El Desaparecer es el silencio de los muertos que deja en sus allegados y en el analista la impronta de lo transcurrido, una congoja que elaborar, por los involucrados con el paciente terminal. La vivencia de la proximidad de la muerte lleva a algunos pacientes terminales a sumirse en un mutismo estoico, que a veces el dolor interrumpe momentáneamente. El analista en su vínculo con el paciente ha de hacerse presente en este silencio desconcertante, ya que en realidad es un llamado al deseo de acompañamiento, en tanto en la escena se hace presente una falta que refiere al no existir. Ese vacío que deja la ausencia nos llama a todos los involucrados a seguir adelante.

Al sabernos mortales, somos un devenir en el tiempo, por lo que todo llega y todo pasa. Pero el psicoanalista no debe flejar en su intento, porque la vida es tiempo, tiempo para escuchar, tiempo para acompañar, tiempo para aliviar.

EL GENOGRAMA en LA TERAPIA de PAREJA

GenogramaDr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

Un Genograma es un formato para representar un árbol genealógico que registra información sobre los miembros de una familia o las personas significativas que ocuparon ciertos roles dentro de la función parental, por lo menos en tres o cuatro generaciones.

El genograma muestra la complejidad de los patrones familiares, lo que nos lleva a reflexionar, cómo un problema psíquico o un padecimiento físico puede estar relacionado con el contexto familiar o sus representantes, además de la evolución del problema y del texto y contexto en el tiempo.

Sí bien el genograma es también una referencia esencial para la terapia individual y familiar aquí nos referiremos a la terapia de pareja.

Para los terapeutas clínicos es de utilidad el genograma porque son representaciones tangibles y gráficas del vínculo de pareja y reflejan las ascendencia y descendencia de cada pareja, donde aparece plasmado lo trans-generacional, lo inter-generacional de cada miembro de la pareja. Podemos percatarnos de un déficit o de conflictos y de síntomas psíquicos y/o clínicos, además de las condiciones que no fueron objeto de representación y que dada determinadas circunstancias aparecen entre generaciones. De igual manera podemos ver manifestaciones somáticas que aparecieron en generaciones anteriores y que vuelven a irrumpir en la generación actual. Así en el Genograma de Parejas podemos contemplar la complejidad de lo Transgeneracional y lo intergeneracional que se da en una relación de pareja.

En esta representación gráfica se revela cómo son los lazos Psico-Somáticos, los vínculos y las rupturas, además el papel en que participan las funciones parentales, que pudiendo ser y no ser miembros de la familia, desempeñan roles de padre, madre o fraternos, lo que algunos llaman configuraciones familiares inusuales y que a decir verdad ocupan el rol que a otros le competía y no lo ejercieron. Esto hace que en la elaboración del genograma de pareja se tenga en cuenta como cada miembro se adapta al ciclo vital, a las circunstancias que a traviesan, además de que pautas se repiten en las distintas generaciones ante los sucesos de la vida.

El Genograma o Genitograma, en sí mismo es una forma de abordaje terapéutico ya que nos da información a contenidos emocionales, cognitivos y conductuales, además de los libretos inconscientes de cada quién o de cómo ya hemos dicho, de vacíos representacionales que no fueron inscritos en generaciones anteriores y que dadas las circunstancias pueden tener expresión en la generación actual, ese vacío representativo.

Al igual nos plantea el papel real o imaginario que ocupan los hermanos en el pase de la endogamia a la exogamia y así pasar a una nueva generación, evitando las configuraciones endogámicas que suelen dificultar los lazos de pareja.

Es importante tener en cuenta los sucesos de la vida y el momento del ciclo vital de cada miembro de la pareja en que se sucede y ver el impacto que tienen los cambios y transiciones en cada uno de los miembros de la pareja homosexual o heterosexual.
Hay que tener presente de que formas son las relaciones de cada miembro de la pareja. En qué aspectos hay una afinidad entre ellos. En qué aspectos hay una distancia o una diferencia que les permita convivir con ella y no generar conflictos o aglutinamientos que van en contra de terceros significativos, que podría llevar a una ruptura con ellos. Es importante tener presente el papel de la función Parental o de la fratria y en quien ocupa ese lugar.

En ocasiones se generan abusos físicos o psíquicos que van en contra de uno de los miembros de la pareja. Donde en nuestro espacio social cobra gran relevancia el maltrato de género y el maltrato infantil.

Un aspecto a recabar en el genograma de pareja, son las alianzas entre un miembro de la pareja y un o los hijos que llevan a la desubicación del otro miembro parental. Es el tener en cuenta cómo son las alianzas con los hijos u otros miembros significativos de la familia o de alianzas generacionales. Es importante tener presente cómo la infidelidad afecta la alianza conyugal. Esta lleva a una ruptura o a una reelaboración del lazo de pareja.

En cuanto al nivel y estilo de funcionamiento, ver si priva el amor, la pasión o la conveniencia. Sí hay un equilibrio entre algunas de ellas que nos lleve a una estabilización o que una de ellas sea la base del lazo de pareja.

Al final de todo en un genograma es prioritario saber cuáles son los recursos y grado de compromiso que contamos al elaborarlo y sí este cambia en el curso del tiempo. Lo que servirá al terapeuta para saber cómo iniciar el tratamiento para encausar o no una estabilización de la relación.

Todo genograma está limitado a la cantidad de información que se pueda recaudar y el genograma no es un compartimiento estanco, sino algo que evoluciona y se transforma en el curso del tratamiento terapéutico de pareja.

  LA TRISTEZA Y SUS MATICES.

Dr. Indalecio Fernández Torres.

la tristeza y sus Matices
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista. Miembro Titular. IPA. FEPAL. Soc. Psicoanalítica Caracas.

En todas estas condiciones se siente como inalcanzable algo deseado o anhelado. Un deseo al que se está fijado y es vivido como irrealizable pese a sus deseos. Todos estos individuos afectados de tristeza, más allá de las diferencias, sienten que algo se ha perdido o que no está y se encuentra con ello, lo que produce la reacción ante lo que nunca estuvo o ante a lo que fue inscripto y luego se convirtió en una falta o en una pérdida de objeto, pero esto no basta para mostrar en que consiste. Ni nos manifiesta cuál es el carácter peculiar de la tristeza.

La superación del duelo se debe a la “no satisfacción del monto de anhelo” que el deudo concentra en lo perdido. Anhelo se refiere a una meta que no se alcanza, a un deseo de algo; por lo tanto, no se trata simplemente de un afecto, sino que está presente en el psiquismo como representaciones o construcciones ideativas, imposible de satisfacer.

El afecto es de orden diferente de la idea. Freud planteaba que la pulsión se expresaba en dos registros diferentes, el de los afectos y el de las ideas. Los afectos se desarrollan en interdependencia con las ideas, transcurren dentro del orden de la materialidad que le es propia, en el interior de la serie placer-displacer, sin que nunca se anule la distinción con las ideas, que integran otra serie de índole particular. Los afectos y las ideas constituyen así dos series entrelazadas que en determinados puntos se anudan y dan origen a una estructura cognitivo-afectiva específicas, en las que un afecto dado remite a una clase de ideas en particular y viceversa.

Que afectos e ideas se presenten entrelazados, no impide que se desliguen los afectos con respecto a la serie ideativa. Freud manifiesta que el afecto no puede ser inconsciente, que es suprimido, es decir que se impide por completo desarrollarse. Por eso un tipo particular de ideas pueden existir sin su correspondiente afecto. Por lo que en el entrecruzamiento entre las ideas y los afectos, se origina la particularidad de que por un lado constituyen estructuras articuladas y por otro son entidades separables.

La posición del analista es el acompañar a asumir esa vivencia, haciendo de la tristeza, una tristeza que no martiriza ya al cuerpo, que no culpabiliza a nadie y que, sin embargo, permite seguir deseando. De esta forma, si la tristeza de la depresión es una obstrucción al deseo, la tristeza, efecto del duelo imposible – pero aceptado sin resignación – , es una invitación a vivir con un deseo siempre vivo y que no se agota. Un deseo que, aun cuando guarda relación con la falta que agujerea al ser, no impide, sin embargo, la realización de una vida que se dirige inevitablemente hacia la muerte.

La Tristeza

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Mujer Llorando. Artista: Mikulás Galanda (1938)

Dr. Indalecio Fernández Torres. Psicoanalista Titular de la SPC, FEPAL e IPA.

La Tristeza es un afecto que surge directamente de un vacío representativo de una falta de lo representado. Esta circunstancia va a producir una vivencia de sufrimiento o satisfacción, que sume a la persona en un ensimismamiento que produce un dolor psíquico, llamado dolor moral o dolor de existir.

La tristeza es un afecto que se muestra con muchas variables y con distintos matices. Es frecuente que sobrevenga como reacción ante una pérdida o un fracaso o por la vivencia de un vacío; como resultado de la incapacidad de acertar con una solución; o a consecuencia de una decepción repetida, al no ser llenado este vacío. Su presencia deja entrever una falta, pero cuando el que está triste encuentra compañía, comprensión u algún motivo para renovar los anhelos, la tristeza se esfuma en determinadas circunstancias.

Puede revestir la tristeza una multiplicidad de formas y matices que muchos son contradictorios en apariencia, de ahí que se haya hablado de las múltiples caras de la tristeza.

De la teoría freudiana se deduce una concepción según la cual la persona se defiende de aquello que le perturba. Para ello pone en marcha mecanismos de defensa inconscientes. En el caso más usual, la neurosis, la defensa (represión) actúa separando la pareja afecto-representación, de manera que la representación se reprime y el afecto se desplaza y asocia a otra representación inocua o al funcionamiento del cuerpo. Los afectos se suprimen por haberse emparejado, mediante un “falso enlace” con representaciones que no les pertenecen.

“Sí la significación está de por medio es porque en la tristeza el afecto está enlazado a un determinado tipo de ideas, constituyéndose en una estructura cognitiva-afectiva. Por eso el llamado “dolor moral” introduce el papel de las ideas”. (Bleichmar H.1976.).

Ante el dolor moral se produce un temor que es la claudicación del sujeto en relación a su deseo. Esta idea de un dolor moral o «dolor de existir» es el efecto traumático de lo que no fue nombrado por un juicio atributivo parental, dejando un vacío representativo sobre el ser viviente o lo que fue nombrado y luego falta. Esa tristeza que embota, aturde e invade al paciente a pesar de tener una causa y sin embargo —antes de que el paciente pueda preguntarse por ella— la respuesta le adviene en forma de esa cascada de pensamientos lúgubres, presentimientos, temores inciertos, sueños angustiosos o una vivencia de vacuidad.

Para Freud, una pérdida vendrá a ser el detonante de ese dolor moral que corroe y destruye por dentro, lo que sería una de las caras ocultas de la tristeza.

La tristeza, como punto de claudicación frente al deseo, no es más que la cara desfalleciente que retrocede frente a lo que la determina y muestra —bajo ese acto de renuncia— una toma de posición pasiva frente a su déficit o conflicto lo que lleva a una reclusión frente a las consecuencias de su deseo. Es decir, el sujeto, refugiándose por momentos en el afecto de la tristeza, se evade de lo que en realidad la produce, retrocede así ante la falta o lo no inscrito.

En realidad, la tristeza esconde, bajo su máscara incierta, la renuncia a saber sobre el inconsciente, esto es, esconder y evitar a la vez,el poder confrontar la causa de su deseo, que no es otra cosa que la falta o como hemos dicho algo que no fue inscrito por la palabra. La tristeza obstaculiza el deseo, ese deseo que en realidad apunta a un vacío, que nos sume en una vivencia de una nada que nos invade.

Es evidente que es a través a de la reflexión que podemos situarnos más allá del sentido que la palabra no llenó. Si la palabra traduce un sentido, sabemos, sin embargo, que no todo puede ser dicho con la palabra, que hay un punto en que lo dicho falla y la palabra queda a la deriva sin poder cernir el significado último. Y esta palabra o dicho inexistente, este “Sin-sentido”, este vacío estructural con que se topa el ser humano en su peregrinar por la existencia, nos enfrenta también con una tristeza que nos llena de perplejidad ante el vacío representativo.