LO TRANSGENERACIONAL y EL VACIO REPRESENTATIVO.

Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA. FEPAL. Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

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Cada persona y sus generaciones son determinadas por su historia Psico-Somática y el papel que ocuparon sus antecesores significativos, además de los procesos culturales, sociales y políticos que los rodearon, en la configuración de su estructura.

Esto nos ayuda a comprender mejor determinadas manifestaciones, que resulta imposible hallarles explicación en las circunstancias actuales. En muchos casos parecen estar determinadas por experiencias de nuestro pasado, o del pasado de nuestros ancestros, que dejan vacíos que no tienen representación. Estos acontecimientos del pasado pueden afectar a varias generaciones posteriores.

Freud (1939) comprueba que determinadas reacciones no se ajustan a la propia vivencia del individuo, sino que se apartan de ésta en una forma que concuerda mucho más con el modelo de un suceso filogenético y que sólo es posible explicar por la influencia de éste.

El hombre no sólo es gobernado por su organización Psico-Somática, sino por la de otros significativos y las circunstancias. La herencia psíquica no se da solamente entre una madre o un padre y su hijo, lo que sería lo intergeneracional, sino que también existen influencias de generaciones anteriores en la estructuración psíquica de un nuevo ser; en este caso, hablamos de lo transgeneracional.

Un vacío representacional en la familia se pueda resolver o expresar en generaciones posteriores. Estas transmisiones afectan a dos, tres o más generaciones, en las que la adquisición de una información o la de un vacío construido por los ascendientes, es expresada por un miembro de una generación posterior en forma de síntoma. Esto plantea una reflexión sobre los antepasados significativos sus circunstancias y el lugar que ocupan en nuestras vidas. Es importante tratar de saber qué efecto tienen aquellas vivencias o acontecimientos que no pudieron ser procesados en el psiquismo, en la configuración transgeneracional o intergeneracional. En el análisis es importante tener en cuenta cómo han afectado los déficits y/o conflictos de las generaciones anteriores y en las actuales. Además de pesquisar qué mecanismos efectúan esta transmisión.

Todos establecemos vínculos con nuestra constelación de los otros significativos. Esto nos relaciona a nuestros antepasados y a sus circunstancias vivenciadas y silenciados mediante una identificación inconsciente. De ahí que entre el individuo y el / los ancestros significativos se establezca vacíos representativos, mediante la cual la persona carga con experiencias que no son suyas, que fueron silenciadas al no poder ser representadas y que no se elaboraron en su momento. Bajo este vacío, la persona asume una historia singular que incorpora en su psiquismo y determina su experiencia vital.

La Incidencia vincular, “marca” la personalidad y su constitución. En ella existirán representaciones que se transforman en el decurso de la vida por circunstancias, al igual persistirán vacíos representativos, éstos se mantienen vivos de manera inconsciente y se transmiten a la descendencia. Estos vacíos producen un desconcierto o una vivencia enigmática que puede producir efectos patógenos en la organización psíquica.

Determinados acontecimientos o experiencias en nuestra constelación significativa que no se han podido procesar psíquicamente se pueden transmitir inconscientemente a las generaciones siguientes y causar déficit y/o conflictos en la constelación familiar o en alguno de sus miembros provocándole un vacío de identidad y/o de sus relaciones vinculares.

Por eso hay que pensar el inconsciente no sólo como instancia en el ámbito individual, sino a darle una dimensión más amplia que alcance el sustrato de los funcionamientos de nuestros antepasados significativos, en sus circunstancias sociales, culturales y políticas que vivieron. La transmisión transgeneracional trazaría un puente entre “el inconsciente individual y el inconsciente colectivo”.

El efecto del vacío representacional en las diferentes generaciones se va transformando y afecta de manera diferente a las posteriores generaciones.

En la primera generación, ocurre un hecho que no se puede expresar por diferentes motivos, entre ellos la vivencia enigmática de desamparo, sufrimiento, dolor y desconcierto. Es una experiencia que no se ha elaborado, que ha quedado encriptada y se mantiene presente psíquicamente en la persona que la ha vivenciado.

En la segunda generación, el que acusa el vacío no representación verbal de ello y sólo cuando emerge, el individuo confronta las consecuencias sumido en una perplejidad. Se hereda un enigma, que ante una contingencia singular esta no puede ser objeto de representación.

En la tercera generación se convierte en algo que existe, pero es inaccesible a la conciencia; no es objeto de significación, ya que los ascendientes no han nombrado dichas experiencias, que, a pesar de vivirlas, se transforman en innombrables. y como tal se transfieren. Este hecho puede conducir a una ausencia de simbolización, originando una forclusión, que posteriormente puede ser objeto de represión o negación, con lo cual se silencia. Este vacío enigmático, llena de perplejidad y de desconcierto porque el afectado no puede acceder a su identidad, en el momento de vivenciarlo. Porque las palabras que no pudieron ser dichas, las escenas que no pudieron ser rememoradas, las emociones que no pudieron ser vertidas, quedan encriptadas. El síntoma busca abrir el vacío y a la vez mantenerlo en silencio.

EL PSICOANALISTA ANTE EL PACIENTE EN CUIDADOS PALIATIVIOS.

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Dr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

 

Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

El psicoanalista, como personal de la salud mental, está altamente calificado para formar parte de un equipo multidisciplinar de la Unidad de Cuidados Paliativos. El que ocupe ese lugar, es algo relativo a la postura de la unidad y a los requerimientos del paciente en esta etapa final de la vida.

Es un hecho que la cruda realidad plantea muchas veces que del dicho al hecho hay un gran trecho. Sabemos que detrás de esto, está planteada la asistencia médica y psicológica, basada en la Big Data, una globalización protocolizada y mercantil, que convierte a la persona en un sujeto sujetado a la “evidencia científica”. Sin embargo, soy de la opinión de que no podemos olvidar el caso por caso, donde cada quién tiene una singularidad y una particularidad que lo identifica. Si bien es cierto que hay fundamentos universales, estos aislados no pueden dar cuenta de manera única, de una forma de intervención generalizada.

La posición del analista ante el paciente terminal es la de acompañar, escuchar y aliviar su sufrimiento y agonía. Ese es el camino hacia una muerte digna. Es seguir el tránsito del sufrimiento a la agonía. Este seguimiento algunas veces va desde la unidad de cuidados paliativos a su lecho de muerte en su domicilio.

El lugar del psicoanalista es el de establecer un vínculo de apego ante el paciente terminal y éste según su singularidad desplegará su sintomatología, a las cual nos debemos acoger. Es el propio paciente quien traza el final de su vida y el decurso de la muerte digna de su ser. Esto nos lleva a plantear que no hay una especificidad en la clínica de los enfermos terminales, cada uno expresa su vivencia terminal de una manera diferente. Las intervenciones que efectúa el psicoanalista se van construyendo en la singularidad de cada caso.

Creo pertinente que cuando en el paciente terminal se desplieguen manifestaciones como dolor, duelo, desamparo o desconocimiento hay que prestar atención para abordar que subyace ante estos requerimientos.

El Dolor, en cualquiera de sus vertientes debe de ser abordado. En lo que atañe a el dolor físico debemos tener presente, las máximas de “primero no dañar” y “el aliviar siempre y el curar a veces”. El dolor psíquico se vincula al duelo y a cómo es posible encaminarlo.
El Duelo, recae tanto en las pérdidas de sus relaciones vinculares con los otros significativos y sus circunstancias, como en las pérdidas que el sujeto experimenta en su ser.

El Desamparo, es el enfrentamiento con la angustia que genera lo inexorable de la muerte a pesar de saber que todos somos mortales.

El Desconcierto es aquel que se genera frente a la vivencia de lo desconocido o la inevitable falta de certeza, aun en aquellos que creen en un más allá de la vida.

El Desaparecer es el silencio de los muertos que deja en sus allegados y en el analista la impronta de lo transcurrido, una congoja que elaborar, por los involucrados con el paciente terminal. La vivencia de la proximidad de la muerte lleva a algunos pacientes terminales a sumirse en un mutismo estoico, que a veces el dolor interrumpe momentáneamente. El analista en su vínculo con el paciente ha de hacerse presente en este silencio desconcertante, ya que en realidad es un llamado al deseo de acompañamiento, en tanto en la escena se hace presente una falta que refiere al no existir. Ese vacío que deja la ausencia nos llama a todos los involucrados a seguir adelante.

Al sabernos mortales, somos un devenir en el tiempo, por lo que todo llega y todo pasa. Pero el psicoanalista no debe flejar en su intento, porque la vida es tiempo, tiempo para escuchar, tiempo para acompañar, tiempo para aliviar.

EL GENOGRAMA en LA TERAPIA de PAREJA

GenogramaDr. Indalecio Fernández Torres.
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista.
Miembro Titular de la IPA, FEPAL y Sociedad Psicoanalítica de Caracas.

Un Genograma es un formato para representar un árbol genealógico que registra información sobre los miembros de una familia o las personas significativas que ocuparon ciertos roles dentro de la función parental, por lo menos en tres o cuatro generaciones.

El genograma muestra la complejidad de los patrones familiares, lo que nos lleva a reflexionar, cómo un problema psíquico o un padecimiento físico puede estar relacionado con el contexto familiar o sus representantes, además de la evolución del problema y del texto y contexto en el tiempo.

Sí bien el genograma es también una referencia esencial para la terapia individual y familiar aquí nos referiremos a la terapia de pareja.

Para los terapeutas clínicos es de utilidad el genograma porque son representaciones tangibles y gráficas del vínculo de pareja y reflejan las ascendencia y descendencia de cada pareja, donde aparece plasmado lo trans-generacional, lo inter-generacional de cada miembro de la pareja. Podemos percatarnos de un déficit o de conflictos y de síntomas psíquicos y/o clínicos, además de las condiciones que no fueron objeto de representación y que dada determinadas circunstancias aparecen entre generaciones. De igual manera podemos ver manifestaciones somáticas que aparecieron en generaciones anteriores y que vuelven a irrumpir en la generación actual. Así en el Genograma de Parejas podemos contemplar la complejidad de lo Transgeneracional y lo intergeneracional que se da en una relación de pareja.

En esta representación gráfica se revela cómo son los lazos Psico-Somáticos, los vínculos y las rupturas, además el papel en que participan las funciones parentales, que pudiendo ser y no ser miembros de la familia, desempeñan roles de padre, madre o fraternos, lo que algunos llaman configuraciones familiares inusuales y que a decir verdad ocupan el rol que a otros le competía y no lo ejercieron. Esto hace que en la elaboración del genograma de pareja se tenga en cuenta como cada miembro se adapta al ciclo vital, a las circunstancias que a traviesan, además de que pautas se repiten en las distintas generaciones ante los sucesos de la vida.

El Genograma o Genitograma, en sí mismo es una forma de abordaje terapéutico ya que nos da información a contenidos emocionales, cognitivos y conductuales, además de los libretos inconscientes de cada quién o de cómo ya hemos dicho, de vacíos representacionales que no fueron inscritos en generaciones anteriores y que dadas las circunstancias pueden tener expresión en la generación actual, ese vacío representativo.

Al igual nos plantea el papel real o imaginario que ocupan los hermanos en el pase de la endogamia a la exogamia y así pasar a una nueva generación, evitando las configuraciones endogámicas que suelen dificultar los lazos de pareja.

Es importante tener en cuenta los sucesos de la vida y el momento del ciclo vital de cada miembro de la pareja en que se sucede y ver el impacto que tienen los cambios y transiciones en cada uno de los miembros de la pareja homosexual o heterosexual.
Hay que tener presente de que formas son las relaciones de cada miembro de la pareja. En qué aspectos hay una afinidad entre ellos. En qué aspectos hay una distancia o una diferencia que les permita convivir con ella y no generar conflictos o aglutinamientos que van en contra de terceros significativos, que podría llevar a una ruptura con ellos. Es importante tener presente el papel de la función Parental o de la fratria y en quien ocupa ese lugar.

En ocasiones se generan abusos físicos o psíquicos que van en contra de uno de los miembros de la pareja. Donde en nuestro espacio social cobra gran relevancia el maltrato de género y el maltrato infantil.

Un aspecto a recabar en el genograma de pareja, son las alianzas entre un miembro de la pareja y un o los hijos que llevan a la desubicación del otro miembro parental. Es el tener en cuenta cómo son las alianzas con los hijos u otros miembros significativos de la familia o de alianzas generacionales. Es importante tener presente cómo la infidelidad afecta la alianza conyugal. Esta lleva a una ruptura o a una reelaboración del lazo de pareja.

En cuanto al nivel y estilo de funcionamiento, ver si priva el amor, la pasión o la conveniencia. Sí hay un equilibrio entre algunas de ellas que nos lleve a una estabilización o que una de ellas sea la base del lazo de pareja.

Al final de todo en un genograma es prioritario saber cuáles son los recursos y grado de compromiso que contamos al elaborarlo y sí este cambia en el curso del tiempo. Lo que servirá al terapeuta para saber cómo iniciar el tratamiento para encausar o no una estabilización de la relación.

Todo genograma está limitado a la cantidad de información que se pueda recaudar y el genograma no es un compartimiento estanco, sino algo que evoluciona y se transforma en el curso del tratamiento terapéutico de pareja.

  LA TRISTEZA Y SUS MATICES.

Dr. Indalecio Fernández Torres.

la tristeza y sus Matices
Médico-Psiquiatra-Psicoanalista. Miembro Titular. IPA. FEPAL. Soc. Psicoanalítica Caracas.

En todas estas condiciones se siente como inalcanzable algo deseado o anhelado. Un deseo al que se está fijado y es vivido como irrealizable pese a sus deseos. Todos estos individuos afectados de tristeza, más allá de las diferencias, sienten que algo se ha perdido o que no está y se encuentra con ello, lo que produce la reacción ante lo que nunca estuvo o ante a lo que fue inscripto y luego se convirtió en una falta o en una pérdida de objeto, pero esto no basta para mostrar en que consiste. Ni nos manifiesta cuál es el carácter peculiar de la tristeza.

La superación del duelo se debe a la “no satisfacción del monto de anhelo” que el deudo concentra en lo perdido. Anhelo se refiere a una meta que no se alcanza, a un deseo de algo; por lo tanto, no se trata simplemente de un afecto, sino que está presente en el psiquismo como representaciones o construcciones ideativas, imposible de satisfacer.

El afecto es de orden diferente de la idea. Freud planteaba que la pulsión se expresaba en dos registros diferentes, el de los afectos y el de las ideas. Los afectos se desarrollan en interdependencia con las ideas, transcurren dentro del orden de la materialidad que le es propia, en el interior de la serie placer-displacer, sin que nunca se anule la distinción con las ideas, que integran otra serie de índole particular. Los afectos y las ideas constituyen así dos series entrelazadas que en determinados puntos se anudan y dan origen a una estructura cognitivo-afectiva específicas, en las que un afecto dado remite a una clase de ideas en particular y viceversa.

Que afectos e ideas se presenten entrelazados, no impide que se desliguen los afectos con respecto a la serie ideativa. Freud manifiesta que el afecto no puede ser inconsciente, que es suprimido, es decir que se impide por completo desarrollarse. Por eso un tipo particular de ideas pueden existir sin su correspondiente afecto. Por lo que en el entrecruzamiento entre las ideas y los afectos, se origina la particularidad de que por un lado constituyen estructuras articuladas y por otro son entidades separables.

La posición del analista es el acompañar a asumir esa vivencia, haciendo de la tristeza, una tristeza que no martiriza ya al cuerpo, que no culpabiliza a nadie y que, sin embargo, permite seguir deseando. De esta forma, si la tristeza de la depresión es una obstrucción al deseo, la tristeza, efecto del duelo imposible – pero aceptado sin resignación – , es una invitación a vivir con un deseo siempre vivo y que no se agota. Un deseo que, aun cuando guarda relación con la falta que agujerea al ser, no impide, sin embargo, la realización de una vida que se dirige inevitablemente hacia la muerte.

La Tristeza

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Mujer Llorando. Artista: Mikulás Galanda (1938)

Dr. Indalecio Fernández Torres. Psicoanalista Titular de la SPC, FEPAL e IPA.

La Tristeza es un afecto que surge directamente de un vacío representativo de una falta de lo representado. Esta circunstancia va a producir una vivencia de sufrimiento o satisfacción, que sume a la persona en un ensimismamiento que produce un dolor psíquico, llamado dolor moral o dolor de existir.

La tristeza es un afecto que se muestra con muchas variables y con distintos matices. Es frecuente que sobrevenga como reacción ante una pérdida o un fracaso o por la vivencia de un vacío; como resultado de la incapacidad de acertar con una solución; o a consecuencia de una decepción repetida, al no ser llenado este vacío. Su presencia deja entrever una falta, pero cuando el que está triste encuentra compañía, comprensión u algún motivo para renovar los anhelos, la tristeza se esfuma en determinadas circunstancias.

Puede revestir la tristeza una multiplicidad de formas y matices que muchos son contradictorios en apariencia, de ahí que se haya hablado de las múltiples caras de la tristeza.

De la teoría freudiana se deduce una concepción según la cual la persona se defiende de aquello que le perturba. Para ello pone en marcha mecanismos de defensa inconscientes. En el caso más usual, la neurosis, la defensa (represión) actúa separando la pareja afecto-representación, de manera que la representación se reprime y el afecto se desplaza y asocia a otra representación inocua o al funcionamiento del cuerpo. Los afectos se suprimen por haberse emparejado, mediante un “falso enlace” con representaciones que no les pertenecen.

“Sí la significación está de por medio es porque en la tristeza el afecto está enlazado a un determinado tipo de ideas, constituyéndose en una estructura cognitiva-afectiva. Por eso el llamado “dolor moral” introduce el papel de las ideas”. (Bleichmar H.1976.).

Ante el dolor moral se produce un temor que es la claudicación del sujeto en relación a su deseo. Esta idea de un dolor moral o «dolor de existir» es el efecto traumático de lo que no fue nombrado por un juicio atributivo parental, dejando un vacío representativo sobre el ser viviente o lo que fue nombrado y luego falta. Esa tristeza que embota, aturde e invade al paciente a pesar de tener una causa y sin embargo —antes de que el paciente pueda preguntarse por ella— la respuesta le adviene en forma de esa cascada de pensamientos lúgubres, presentimientos, temores inciertos, sueños angustiosos o una vivencia de vacuidad.

Para Freud, una pérdida vendrá a ser el detonante de ese dolor moral que corroe y destruye por dentro, lo que sería una de las caras ocultas de la tristeza.

La tristeza, como punto de claudicación frente al deseo, no es más que la cara desfalleciente que retrocede frente a lo que la determina y muestra —bajo ese acto de renuncia— una toma de posición pasiva frente a su déficit o conflicto lo que lleva a una reclusión frente a las consecuencias de su deseo. Es decir, el sujeto, refugiándose por momentos en el afecto de la tristeza, se evade de lo que en realidad la produce, retrocede así ante la falta o lo no inscrito.

En realidad, la tristeza esconde, bajo su máscara incierta, la renuncia a saber sobre el inconsciente, esto es, esconder y evitar a la vez,el poder confrontar la causa de su deseo, que no es otra cosa que la falta o como hemos dicho algo que no fue inscrito por la palabra. La tristeza obstaculiza el deseo, ese deseo que en realidad apunta a un vacío, que nos sume en una vivencia de una nada que nos invade.

Es evidente que es a través a de la reflexión que podemos situarnos más allá del sentido que la palabra no llenó. Si la palabra traduce un sentido, sabemos, sin embargo, que no todo puede ser dicho con la palabra, que hay un punto en que lo dicho falla y la palabra queda a la deriva sin poder cernir el significado último. Y esta palabra o dicho inexistente, este “Sin-sentido”, este vacío estructural con que se topa el ser humano en su peregrinar por la existencia, nos enfrenta también con una tristeza que nos llena de perplejidad ante el vacío representativo.

 

La Terapia de Pareja: Un Abordaje Diferente

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Foto: Tempotel.es

Dr. Indalecio Fernández Torres. Psicoanalista Titular de la SPC, FEPAL e IPA.

La Terapia Psicoanalítica Multidisciplinar de pareja tiene su base en la escucha del funcionamiento de la pareja, donde el terapeuta pasa a formar parte de un espacio psíquico común.

Su objetivo es permitir —a la pareja en crisis— la elaboración de lo que se moviliza en el vínculo, lo que puede llevar a una disrupción o reafirmación del lazo de pareja. La función terapéutica no es necesariamente restablecer los lazos, sino que se produzca un discernimiento que lleve a una u otra circunstancia. El terapeuta desde su lugar o posición intervendrá como parte de la dinámica psíquica que llevará a un desenlace, que es producto de la interrelación de los participantes en la terapia de pareja.

El abordaje en la terapia de pareja tiene en cuenta las manifestaciones del inconsciente, el libreto que lo sostiene y qué de este libreto ha devenido en una perturbación, qué mecanismos se plantean en el conflicto psíquico y la reactualización, de dichos mecanismos, en la relación transferencial entre ambos miembros de la pareja homo o heterosexual y entre la pareja y el terapeuta, lo que constituye el espacio psíquico, al que aludíamos anteriormente.

La elección de pareja implica la dinámica inconsciente de cada uno de sus miembros, el libreto o gramática inconsciente de cada uno de ellos, que puede o no repetirse intergeneracional o transgeneracionalmente.

Es importante revisar los libretos inconscientes que subyacen en cada participante, además si esta elección se efectuó por amor, pasión o conveniencia, ya sea por los tres, por la combinación de alguna de ellas o tan sólo por una de ellas. Esta elección puede redundar en la estabilización o desestabilización del vínculo de pareja.

Estos libretos o formas de elección tienden a escenificarse en la terapia de pareja y siendo que son inconscientes, también tenemos que tener presente los vacíos representacionales transgeneracionales o intergeneracionales, que acusa cada miembro del equipo terapéutico que, al constituir una espacio psíquico, pueden llenar de perplejidad e incomprensión a uno u otro miembro de la pareja o al terapeuta. Estos son  puntos ciegos que nunca tuvieron inscripción en el inconsciente, constituyendo así los vacíos representativos en espera de una posible simbolización.

Entre el texto y contexto del libreto viene la petición de una terapia de pareja que puede ser de mutuo acuerdo o por parte de uno de ellos. La incorporación del otro miembro a posteriori, puede llevar a la vivencia de la existencia de una parcialidad, que favorece a el que inicialmente hizo la petición.

La escucha psicoanalítica en un tratamiento de pareja, sí bien requiere de un encuadre terapéutico preestablecido entre los participantes, también es cierto que, en determinadas circunstancias, es necesario por parte del terapeuta producir una vacilación del encuadre, con vistas a introducir un elemento que ponga en evidencia situaciones que tienden a repetirse en uno o en ambos miembros de la pareja, con lo que se pretende la búsqueda de un discernimiento. Hecha esta acotación pasemos nuevamente a la instalación del encuadre.

El encuadre se establece según la conflictiva planteada y es el terapeuta quien establece las condiciones del mismo, manifestándoselo a los pacientes, para que estén al tanto de las condiciones del vínculo. Se establece así un espacio psíquico triangular o cuadrangular, sí participa otro terapeuta, quien tiene también injerencia en el establecimiento del encuadre.

En la terapia de pareja el terapeuta tiene que tener presente lo transferido por cada miembro de la pareja y ver en qué lugar es ubicado por cada miembro de la misma. Es necesario que el terapeuta ubique los puntos ciegos que se despliegan en el trabajo terapéutico, tanto los suyos como la de los miembros de la pareja. Hay que focalizar el núcleo conflictivo que los trae a terapia y dirimir las causas del desencuentro. Es importante tener presente que la transferencia no se despliega de igual manera que en la terapia individual o familiar.

Son los puntos ciegos y la capacidad de resignificación, de cada participante, la que nos permitirá dar o no, otro enfoque a la perturbación que acontece en la pareja.

La terapia analítica de pareja nos puede llevar a reconducir el actual vínculo o restaurar otro vínculo o también llevar a la pareja, a tomar consciencia de que, tal como se estableció el vínculo, seguirá siendo y serán ellos los que decidirán si continúan o no de esa manera.

Emoción, Afecto y Sentimiento

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Curfew Night, Basharat Peer

Dr. Indalecio Fernández Torres. Psicoanalista Titular de la SPC, FEPAL e IPA.

Desde el Psicoanálisis podemos plantearnos como dimensiones, módulos o espacios, las Emociones, los Afectos y los Sentimientos.

Antes de destacar estas dimensiones hay que tener en cuenta “la sensación”. Para esto tenemos que tener en cuenta que existe un “espacio originario” (es el que procesa la materia proveniente del Psique-soma). Es allí donde surge la sensación, cómo lo más íntimo del ser humano, por eso las sensaciones son vividas como provenientes del cuerpo y no son referidas a un orden externo, porque en el espacio originario aún “no hay una representación del otro significativo”.

Pero paulatinamente el psique-soma va dando matices, a lo percibido por el sistema senso-perceptual. Al ser procesada la sensación vivenciada, esta sensación se manifestará como emoción, las que filogenéticamente preceden a la razón.

La “E-moción” que es una sensación puesta en relación. Porque la E-moción es la transformación de la sensación: supone un movimiento (moción), de lo que sale de sí y va hacia el otro. Que, al verse A-fectado, da pie a la dimensión afectiva que es una forma de apego.

Todo este tránsito sensación, emoción, afecto se da por el empuje pulsional, que constituye módulos o espacios, con diferentes características. Estos espacios pueden imbricarse o constituir un telescopaje, que establece un tránsito de una instancia a otra.

Requieren do así diferentes abordajes las emociones, los afectos y los sentimientos.

Esta nueva dimensión pulsional, la afectiva ya tiene a este nivel un lazo a la representación. Un vínculo que es producto de un encuentro con el otro significativo, donde se crea un nuevo espacio ya no como el originario, que adquiere dimensiones de tiempo y espacio, así como la capacidad de representación.

Se origina una organización de sentido, que permitirá captar una escenificación compartida a descifrar. Cuando el afecto se organiza según esta lógica psíquica, se habla de “Sentimientos”.